La música como idea de la representación de la felicidad
ha terminado de aniquilar mi paz real.
Cada nota, cada idea, cada suspiro arraigado a las notas de tus recuerdos
me separan de tu pecho, arrojandome al sitio, ese en donde
mi caracter de temporal cobra doloroso sentido.
Entonces el maestro de la N mayuscula llava razón,
"la música sólo es una razón más para volvernos locos".
Como la locura que desborda el acordeon afrancesado al entrar por
mis oidos y reconocerlo como el ruido que contaminara mi tranquilidad
al amarte.
Qué culpa ha de tener la música?
Sólo se me ocurren melodias para responder y para evadirlo cierto en mi mente,
esta que se niega a decirle esas verdades al corazon en esta apuesta plasmada sobre la pauta de un compositor perdido en su quizá ultima inspiración.
- Suenan los últimos acordes-
ANTONIO LESTRADE GRIS